«¡Mami, mami, me hice pis!»
«¡Mami, mami, ¿cómo se ‘asiba’ esto?!»
«¡Mami, mami, tengo miedo, quiero dormir con Uds.!»
«¿Me das de comer? ¡No puedo solito!»
«¡Upa, upa, me canso de caminar!»
Cuando creíamos superada una determinada etapa en la crianza de nuestros hijos, hábitos o capacidades que habían sido logradas por ellos, se pierden inexplicablemente. En lugar de éstos, surge un abanico de conductas regresivas.
Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de conductas o comportamientos regresivos?
¿Ante qué situaciones los niños reaccionan de esta manera?
¿Cuál sería el beneficio que el niño obtiene con dichas conductas?
¿Cómo reaccionar ante dichos comportamientos?
Cuando hablamos de conductas regresivas hablamos de conductas características de una etapa anterior del desarrollo, que no son bien recibidas cuando el niño es más grande y ya lo había logrado, en general, avergüenzan, exigen y por qué no, enojan a los desconcertados padres.
Veamos algunos ejemplos.
Niños que ya habían alcanzado el control de esfínteres comienzan a hacerse pis en la cama, o mientras están jugando o durante un paseo.
Aquellos que ya podían comer solitos, piden ahora que les corten la comida y le den de comer en la boca.
Si dormían solos, en su cuarto, exigen permanecer en la cama junto a sus padres.
Si ya habían alcanzado un lenguaje claro y comprensible, pueden volver al balbuceo, o a pronunciar mal algunas palabras que ya manejaban correctamente o a señalar las cosas para pedirlas.
Varias pueden ser las causas de esta regresión en el comportamiento: el nacimiento de un nuevo hermanito, situaciones de maltrato (físico o psicológico), una pérdida significativa (muerte de un ser querido, mascota, casa, etc.), separación de los padres, entre otras.
Al nacer un nuevo hermanito, la atención y el cuidado especial que la madre le brinda, pueden despertar intensos celos en el niño. Por otro lado, puede sentir que el amor de sus padres está en peligro, que puede perderse, generando profundos sentimientos de desamparo y soledad.
La finalidad de las conductas regresivas, en este caso, puede ser convocar la atención de sus padres, especialmente de su madre, y pretender recibir el mismo trato que el recién nacido recibe y reasegurarse así su amor.
En otros casos, dichas conductas pueden servir para denunciar una situación que lo hace sufrir, de la cual no puede dar cuenta a través de la palabra, como en los casos en los cuales el niño está inmerso en una situación de maltrato o violencia.
O también, pueden ser útiles para expresar el impacto que le generan las pérdidas o los cambios repentinos y significativos.
Estas conductas son la señal de alerta de que algo les está ocurriendo a nuestros hijos.
Como padres, es necesario estar tranquilos con lo que sucede, acompañar al niño, no es aconsejable responder con retos o castigos ante este tipo de conductas, aunque el niño se muestre más demandante o nos exija más trabajo y atención. Eso lo haría sentir no comprendido por quienes tanto ama y necesita y lo llenaría de angustia y temor, además de hacerlo sentir vulnerable y desamparado.
Debemos ser tolerantes, pacientes, preguntar, escuchar, y si es necesario, acudir a un profesional que nos guíe a comprender qué le sucede a nuestro hijo.
Para así, poder ayudarlo y que el niño avance en su desarrollo físico y emocional.
Lic María Fernanda González
MOMENTO CERO