Si pensamos un poco en el círculo en que nos movemos habitualmente, seguro conocemos a alguien que  en algún momento haya sufrido ataques de pánico. A simple vista, es este un fenómeno popular.

Taquicardia, sudoración, ahogos, miedo a morirse, imposibilidad para salir de su casa, malestar, angustia: son síntomas corporales y emocionales que sufren esas personas que comienzan a recorrer guardias médicas y a recurrir a especialidades que no encuentran causas orgánicas.

Una consulta con un psiquiatra –que pueda suministrar una medicación adecuada para poder calmar los síntomas–  y un espacio terapéutico psicológico son las intervenciones necesarias para poder reflexionar sobre lo que está sucediendo.

Ahora es cuando nos encontramos con la singularidad: existe un motivo único y singular en cada persona que lo padece. Conociendo a muchas personas que lo experimentan, se descubre que el pánico, y ya no el ataque, es la antesala de un cambio verdadero que se viene postergando.

Esta postergación genera angustia y se canaliza por el cuerpo. Se esconde una movilización relacionada con vínculos, elecciones, decisiones o todo esto a la vez. No haber hecho el cambio necesario y mantener el status quo vienen de la mano con el ataque.

Pero, ¿qué significa tener pánico? ¿Por qué se vivencia y evidencia tan estridentemente con sus síntomas? ¿Nos viene a enseñar algo de nosotros mismos que nos negamos a escuchar?

Muchas personas que han padecido ataques de pánico expresan que una vez superados estos trances, ya no fueron los mismos; coinciden en que necesitaban ese sacudón para hacer el cambio necesario: separarse de lo que ya no tiene sentido en este momento de la vida.

Lo  que se aprende es que era necesaria la experiencia, que tuvo un sentido personal para cada persona; que si la postergamos, vuelve a irrumpir con mayor caudal.

Por todas estas razones, hay recomendaciones para seguir ante un ataque: hacer una consulta psiquiátrica y una consulta psicológica, rodearse de las personas que  aman, seguir con las actividades (en la medida de las posibilidades) y esperar con buen agrado el cambio que este pánico anuncia.

Lic. Emilia Canzutti

Corregido por: Marina Sanz