Existe un abanico de emociones que se generan en el personal de recursos humanos a la hora de tener que llevar adelante un despido laboral.
Es parte de la gestión de talentos el despedir con idoneidad a un empleado, pero poco se ha escrito sobre qué es lo que siente quien debe comunicar el mensaje. Quienes desarrollan esta tarea han descripto que, desvincular un empleado lleva un momento de aprendizaje personal. En efecto, nadie enseña cómo hay que hacerlo y cómo se deben manejar las emociones propias para que, tanto el empleado como ellos, salgan lo más airosos posible de esa situación.
Para empezar a desarrollar el tema, me gustaría introducir el concepto de disociación instrumental de Bleger. Según este concepto, el entrevistador debería actuar en dos niveles: en el primero, una parte de sí debe identificarse con quien está siendo entrevistado; en el segundo nivel, otra parte de sí debe quedar fuera de esa identificación y ser la que controle y observe la entrevista.
Pienso que esta es la tarea que debe realizar el personal de recursos humanos a la hora de desvincular un empleado. Por un lado, identificarse con quien tiene enfrente, comprender sus emociones y cómo repercutirá esta decisión en su vida. Por el otro, en simultáneo, tendrá que posicionarse por fuera de esa identificación para ser operativo, comunicar el mensaje e indicar
los pasos a seguir, sosteniendo sus propias emociones.
Cabe destacar que no es lo mismo despedir a quien no había realizado bien su trabajo o por algún motivo merecía ser despedido, de aquel que siente que no lo merecía. Este último trae más dificultades, más cuestionamientos. Por momentos puede ser que, quien vaya a despedirlo se identifique con él, y sienta enojo al creer que es una decisión injusta. Sin embargo, ponerse en ese lugar le va a impedir desarrollar su tarea con profesionalismo. Por ello, es necesario un segundo momento en el que ponga en frío sus propias emociones para comprender la reacción del empleado y poder sostenerlo. En ese momento, el entrevistador deberá tener presente que, a partir de esa entrevista, el empleado tendrá que empezar a cerrar un capítulo para abrir otro nuevo.
Otro factor importante que influye en estas situaciones es la posible relación laboral/personal que haya desarrollado el personal de recursos humanos con el empleado. Puede ocurrir que tenga que despedir a alguien con el cual compartió muchos años de trabajo, donde la relación se extendió más allá de lo laboral. Entonces: ¿Cómo repercutirá el despido en la relación con él?; ¿cómo voy a hacer para decírselo?; ¿y si mañana me toca a mí?.
Usualmente, el día previo suele ser difícil. El trabajador de recursos humanos tiende a ponerse en el lugar de quien va a ser despedido, y piensa, por ejemplo, en la edad que tiene la persona a quien tiene que desvincular, en las posibilidades que tiene de encontrar un trabajo similar, en su familia y su situación económica. Incluso, puede aparecer la fantasía de imaginarse él mismo en esa situación y pensar cómo reaccionaría y se sentiría. Además, esta situación y estas emociones suelen tener un impacto en la vida personal/familiar del responsable de recursos humanos, quien puede llegar a su casa enojado, irritado, angustiado o triste, o simplemente estar ausente, con la cabeza en el trabajo y en las decisiones que está
ejecutando.
Para concluir, como se puede ver, hay muchas aristas que la persona de recursos humanos debe manejar a la hora de desvincular a un empleado y que podrían dividirse en tres aspectos: Laboral: Hace referencia al desafío propio de su función. Esto es, ser claro a la hora de transmitir el mensaje, dejar un consejo en los casos que amerite, cumplir una función pedagógica, y lograr que el otro se lleve algo de esa entrevista para el nuevo camino que tendrá que empezar a recorrer.
Emocional laboral: Sostener las emociones del empleado, poder comprenderlo, tolerar su enojo, su tristeza, ayudar a entender a quien niega la situación.
Emocional personal: Manejar las propias angustias (la posibilidad de perder una amistad, la culpa que puede generar, etc.) y ansiedades (fantasear con la propia desvinculación, preguntarse si el otro va a poder sostenerse económicamente) que esta situación puede generar, intentando, en ese momento, anestesiar instrumentalmente las emociones para poder ser sostén del otro.
Estas situaciones suelen generar mucho estrés. Por eso es importante que la persona de recursos humanos encuentre un espacio donde poder liberar esas emociones y conectarse con la angustia, la culpa y la ansiedad, evitando de esta forma que quede toda la persona atrapada en esa anestesia emocional. Es importante buscar un lugar de elaboración y descarga para evitar que esta tarea tenga un costo personal o familiar mayor del que quisiéramos.
Lic. Sofía Cayol
Psicóloga
Mat. N. 54383
Corregido por: Marina Sanz