Al día de hoy, cuando vamos por los seis meses de cuarentena, los que sostienen que “algo vino a enseñarnos” esta situación enfrentan a los que darían cualquier cosa por una salida al cine y un abrazo bien apretado con sus amigos… incluso por un día de oficina, con viaje en hora pico incluido.
Sea cual fuere la vereda que elegimos para mirar lo que nos atraviesa, en el ámbito profesional es innegable que sucedieron muchísimos cambios y quedaron expuestas falencias que se acarrean hace tiempo en distintos sectores de las organizaciones, pero sobre todo impactan a la gestión del talento. Las circunstancias en que nos encontramos van a ayudar a que – de una vez – la perspectiva a la hora de seleccionar a los nuevos integrantes de nuestros equipos va a cambiar. O debería…
Al día de la fecha la “flexibilidad” ya era una cualidad que figuraba tímidamente en las descripciones de puesto y algunos avisos de búsqueda laboral, pocas veces se hacía foco en ella. Puertas adentro, probablemente hubo distintos grados de aceptación y adaptación de estos cambios tan rotundos que nos tocó vivir y que implicaron modificaciones de espacios de trabajo, herramientas, modo de comunicarnos, objetivos por perseguir. Ahí fue cuando entendimos el rol primordial de esta competencia y su necesario protagonismo para futuras búsquedas.
La respuesta a estos cambios en muchísimos casos demandó incorporar nuevos conocimientos en corto tiempo para ser puestos en práctica de manera inmediata. Incluso el medio diario de comunicación con nuestros jefes y pares puede ser toda una novedad con la que tuvimos que amigarnos de un día para el otro. Juzgados online, ventas sin posibilidad de una visita a nuestro cliente, firmas digitales para nuevos contratos. Aprender es un nuevo valor principal a detectar en los posibles colaboradores.
Por si fuera poco, esta novedosa rutina incluye un popurrí de tareas tan variadas como limpiar la casa, asistir a nuestros hijos con educación a distancia y procesar que estamos atravesando una pandemia, todo esto en paralelo a las obligaciones laborales. Es vital que podamos regular el cómo y cuándo trabajamos de una manera totalmente novedosa para muchos: adiós 9 a 18hs, bienvenido trabajo por objetivos. Porque después de una importante reunión necesitamos cortar a media mañana para decir “Hello, Miss Vicky!” a coro con otras familias, porque al mediodía no vamos al restaurant por peso y resolvemos en diez minutos. También esa regulación es necesaria al final del día, porque la oficina está en casa y depende de nosotros poder poner un fin y desenchufarnos hasta el día siguiente. En esta nueva dinámica, poder organizarnos y ser autónomos – en la medida de lo posible – nos dará muchísimas ventajas para nuestro rol actual o futuros desafíos profesionales.
Como cierre, quisiera compartir que un nuevo desafío que muchos enfrentamos es la capacidad de elaborar y sostener vínculos de manera virtual. En el plano laboral, cada vez más los procesos de selección, las contrataciones e inducciones son de manera remota. Nuestros jefes serán personas que nunca vimos más allá de la pantalla. Seguro pasarán varios meses para que podamos ir a tomar algo con nuestros nuevos compañeros. La cuota de dedicación para este aspecto – que no siempre se pondera lo suficiente – puede determinar el clima con el que trabajemos cada día.
Como conclusión general, a partir de ahora los procesos de selección deberían dar un valor principal a las competencias que mencionamos. La base académica o de experiencia seguirá siendo protagonista, está claro, pero… ¿cuánto vale manejar un software que puede cambiar el año que viene? ¿es necesario estar 9hs online si cumplimos los objetivos planteados? ¿cuán valioso es un colaborador que trabaja con autonomía?
Volvamos o no a la dinámica “antigua”, este nuevo enfoque que valora las capacidades blandas por encima de otros conocimientos, llegó para quedarse.
Lic. Bárbara Macherett
MOMENTO CERO