La gente habla de “no perder el tiempo”, de aprovechar para poder hacer más y más, cosas que a veces ni tenemos ganas, pero es cuestión de estar activos. 

Considero que hay una gran verdad en el hecho de que la actividad nos mantiene con un estado anímico más armonioso generalmente, pero por otro lado me pregunto… ¿acaso no estamos viviendo una situación inédita de extrema crisis? Las Fronteras se encuentran cerradas, estamos aislados, tenemos temor a un enemigo invisible y altamente contagioso… 

Pienso que esta utopía de sostener las rutinas con exigencia y simulando la vida anterior que llevábamos a cabo, ¿no sería acaso ser poco empáticos y cuidadosos con otros y nosotros mismos, cayendo en un quehacer ridículo, exigente y agobiante?

No podemos simular lo que teníamos, porque ahora no lo tenemos. Aparecen otros desafíos, otros interrogantes, nuevas preguntas… 

En la medida que se pueda, pienso que es momento de sostener, de escuchar lo más interno de nuestro ser. Son circunstancias nuevas, desconocidas y que nos movilizan … pensar que debemos estar activos y apresurados, cumpliendo con todas las expectativas del entorno, ¿tendrá sentido para alguien?

Lamentablemente este virus se tornó una pandemia y aún no hay cómo combatirlo, lo que asusta, genera ansiedad e incertidumbre. Pero sí hay cómo cuidarnos y preservarnos. 

Dicho esto, creo que nos ayudaría estar más atentos a lo que nos sucede. Cuidemos nuestro ser, nuestra emocionalidad. Escuchémonos más para ver qué necesitamos, qué queremos, qué nos adolece y qué nos haría bien hoy. Vayamos dando pequeños pasos pero profundos.

Lic. Lucía Méndez
MOMENTO CERO