En épocas de “ni una menos”, feminismo, empoderamiento y fuerza femenina, la violencia de género sigue siendo una problemática presente en nuestra sociedad. Está en todos los sectores sociales, todos los barrios, en nuestros trabajos y, si miramos nuestro entorno, seguramente encontremos algún tipo de violencia de género, no muy lejos nuestro. 

¿Qué entendemos por género?

“Género” hace referencia a una construcción social mediante la cual se asignan comportamientos, tareas, atributos, a una persona, basándose en una diferenciación biológica.

La violencia de género es aquella que se basa en una desigualdad de poder y afecta varios aspectos de la vida de la persona.

Comúnmente, cuando hablamos de este tipo de violencia, solemos relacionarla principalmente con la de tipo físico, pero también existen otras variantes, como:

  • Violencia psicológica: en la cual el agresor causa daño emocional, lleva a la víctima a ir perdiendo su autoestima y la culpabiliza constantemente por sus conductas.
  • Violencia sexual: cuando el derecho de la mujer de decidir voluntariamente sobre su vida sexual y reproductiva es violado o vulnerado.
  • Violencia simbólica: donde la violencia es indirecta y no física, por ejemplo, a través de estereotipos.
  • Violencia económica: donde el agresor maneja y controla la economía y la condición de vida de la víctima, ocasionando una pérdida de recursos.

 No siempre nos cuestionamos estas situaciones, muchas de ellas están naturalizadas en las parejas y en la sociedad, por lo que muchas veces la violencia  es sufrida  por  largos años con idas y vueltas en la relación.

 En esto tiene mucho que ver el  círculo de la violencia,  que consta de  cuatro etapas:

1.  La acumulación de tensión. La tensión va en crecimiento; empiezan las discusiones. La victima siente angustia, miedo y desilusión.

2 . La explosión de  la violencia, donde aparecen los golpes o manipulaciones y la mujer siente miedo, impotencia, soledad y dolor

3. Seguido a eso, viene la etapa de distanciamiento, donde por lo general la mujer siente culpa, confusión y vergüenza.

4. La luna de miel o reconciliación, etapa de aparente calma. El agresor se muestra arrepentido, hace regalos y promete no volver a agredir, entonces la víctima quiere creerle y apuesta al cambio.

Lo importante es tener en claro que, en este esquema, que justamente es cíclico, siempre se vuelven a repetir las diferentes etapas, una y otra vez.

Muchas veces, cuando una mujer es víctima de violencia, se pregunta qué habrá hecho ella o justifica el accionar del agresor distorsionando la percepción de los hechos. En estos momentos, es de suma importancia el acompañamiento (por parte de la familia, amigos o alguna organización).

Esta compañía debe poder ayudarla a ir, de a poco, desarmando y reconociendo este gran círculo en el cual se encuentra inmersa, para poder salir de él.

Si algo de esto te pasa a vos o alguna amiga o familiar, no la juzgues, simplemente acompañala, e intentá estar presente para informarte y darle una mano.

Lucía Rodriguez
M.N. 67472
Corregido por
Marina Sanz